Para futuros docentes
Silvina Gvirtz acaba de publicar, junto con Silvia Gracvi Grimberg y Victoria Abregù, “La Educación ayer, hoy y mañana”, el primer titulo de una colección educativa que apunta a los estudiantes de la carrera docente. Allí, las autoras analizan las teorías y concepciones sobre la escuela. En “ABCD”, se proponen abordar las herramientas practicas para que los maestros trabajen en las aulas. La propia Gvirtz es la directora de la colección de Aique Larousse Grupo Editor.


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CLARIN, Domingo 5 de agosto de 2007

Entrevista con la experta en Educación, SILVINA GVIRTZ
"El aula sigue siendo el único lugar que enseña a entender la realidad"


Por Juan Pablo Casas jcasas@clarin.com


La doctora en Educación (UBA) y directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, Silvina Gvirtz, remarca: "La escuela ya no ejerce el monopolio de la educación. Sigue teniendo un papel protagónico, ya que es ''el'' lugar de la cultura letrada. Pero sin dudas perdió la hegemonía que ostentaba décadas atrás".

—¿A qué lo atribuye?
—A las innovaciones tecnológicas. Estamos inmersos en un profundo proceso de revolución tecnológica, en especial en lo que se refiere medios de comunicación e información. Existe un conflicto en cuanto a la distribución de las nuevas tecnologías. Los sectores medios y altos se relacionan de una manera mucho más cercana y eficaz que los carenciados.

—Sin embargo, la escuela todavía debate cómo y cuándo incorporar las nuevas tecnologías.
—Sí. Por ejemplo, con la telefonía celular. La escuela prohíbe y condiciona, con algo de razón, su uso dentro del aula. Pero también, por tirar una idea, así se pierde la chance de ponerle un par de parlantes al móvil y que los alumnos tengan una charla telefónica con un especialista en la materia que en ese momento están estudiando. El abaratamiento de las nuevas tecnologías impone cambios pedagógicos, como en su tiempo lo fue la masificación del papel. No hay que olvidar que a fines del siglo XIX los estudiantes escribían en pizarras o areneros y eso generaba que los conceptos no quedaban escritos, sino que debían ser retenidos en la memoria del alumno.

—¿Cuál debe ser entonces el papel de la escuela en esta era de revoluciones tecnológicas?
—La escuela debe ayudar a interpretar y entender la realidad. Debe lograr que el estudiante sepa "linkear" la información que recibe. Hoy conviven muchos canales de educación, pero es la escuela la única que enseña a entender la realidad. En un mundo en el que el caudal de información —confiable y no confiable— cada vez es mayor, los saberes que uno aprende en la escuela sirven para comprender mejor.

—Sin embargo, muchas veces la escuela falla en esa enseñanza.

—Por supuesto. Una cosa es lo que debería ser y otra, lo que realmente es. De por sí, ya no alcanza la jornada simple para transmitir todos los saberes y conocimientos que un chico hoy requiere para entender el mundo.

—Antes mencionó la pérdida del "monopolio de la educación" por parte de la escuela. ¿No perdió algo más que eso en estos años?
—Al retirarse de la educación en los años ''90, el Estado desmontó la vieja escuela que articulaba políticas de prevención en torno a los derechos del niño. Alrededor de la escuela giraban cuestiones que actualmente no son atendidas por nadie, ya que ella era la única que llegaba a cubrir la salud o el derecho a la identidad. Antes todos los chicos pasaban por Sanidad. O se les renovaba el DNI en la misma escuela.

—¿Pero eso no está cambiando?

—No, son políticas que apuntan a reparar el daño hecho durante los ''90, pero que no previenen. No hay un trabajo serio a mediano y largo plazo para reforzar políticas preventivas. La escuela debe ser el epicentro desde donde se pueda mejorar la calidad de vida de los niños, pero no desde el punto de vista asistencialista, sino como articuladora y defensora de los derechos del niño.

—¿Cómo conseguir esa escuela?
—Para mí, los cambios siempre se dan de abajo para arriba. Es decir, hay que escuchar a las bases. "Territorializar el debate". Esto es: bajarlo a la tierra para repensar los sentidos y contenidos de la escuela. Y se debe profundizar la "democratización del Estado", entendida como el hacer pública la información estatal.





 


 


 


 
 
 
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